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Poesía para los que leen prosa

 

[Ángel González]

 

ORDEN. (POÉTICA)
a la que otros se aplican

 

Los poetas prudentes,
como las vírgenes -cuando las había-,
no deben separar los ojos
del firmamento.
¡Oh tú, extranjero osado
que miras a los hombres:
contempla las estrellas!
(El Tiempo, no la Historia.)
Evita
la claridad obscena.
                                         Cave canem.)
Y edifica el misterio.
                                          Sé puro:
no nombres; no ilumines.
Que tu palabra oscura se derrame en la noche
sombría y sin sentido
lo mismo que el momento de tu vida.

 

 

CONTRA-ORDEN (POÉTICA
por la que me pronuncio ciertos días.)

 

Esto es un poema.

Aquí está permitido
fijar carteles,
tirar escombros, hacer aguas
y escribir frases como:

Marica el que lo lea,
Amo a Irma,
Muera el…
(silencio),
Arena gratis,
Asesinos,
Etcétera.

Esto es un poema.
Mantén sucia la estrofa. Escupe dentro.

Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.

 

 

 

[Fernando Pessoa]

 

EL MISTERIO DE LAS COSAS

 

IV

El misterio de las cosas, ¿Dónde está?
Si apareciese, al menos
para mostrarnos que es misterio,
qué sabe de esto el río, ¿qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más, qué sé yo?
Siempre que veo las cosas
y pienso en lo que los hombres piensan de ellas,
río con el fresco sonido del río sobre la piedra.

El único sentido de las cosas
es no tener sentido oculto.
Más raro que todas las rarezas,
más que los sueños de los poetas
y los pensamientos de los filósofos,
es que las cosas sean realmente lo que parecen ser
y que no haya nada que comprender.

Sí, eso es lo único que aprendieron solos mis sentidos:
las cosas no tienen significación, tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

 

 

ODA
(Como “Ricardo Reis”)

 

Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exagera o excluye.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así en cada lago la luna toda
brilla, porque alta vive.

 

 

 

[César Vallejo]

 

CONSIDERANDO EN FRÍO, IMPARCIALMENTE

 

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudoaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado… Emocionado

 

 

 

[Mario Benedetti]

 

NO TE SALVES

 

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
                    no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
               pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
                      entonces
no te quedes conmigo.

 

 

 

En “Poesía para los que leen prosa” de Miguel Munárriz, Colección Visor de Poesía con ISBN 84-7522-555-1

Abu Tammam ibn Rabah de Calatrava

 

4

El cálamo

 

Que no se enorgullezca el sable:
en sus manos el cálamo ha cortado
los alfanjes y espadas de la India;
si por su origen no es más fuerte que ellos,
recuerda que “en el vino hay una fuerza
que no se halla en la uva”.

7

La noria

 

¡Qué hermosa noria han visto!
Cuando vierte sus aguas, las nubes la miran con envidia.
Canta y nos conmueve
la triste intermitencia de su canto,
que ha aprendido, parece, de Ziryab.
Cuando llega la noche, su voz llena de nostalgia,
como la de David en el templo.

11

Estrellas en el mar

 

Mira las brillantes estrellas que aparecen
sobre el mar y se admiran de su imagen,
como un grupo de hermosas que se asoman
para ver su belleza en el espejo.

23

Agua y fuego

 

Guarda el pecho una hoguera
que alimenta las nubes de las lágrimas
y, por eso, no saltan las centellas.

32

Dedos teñidos de alheña

 

Amigos,
hay en mi corazón una joven esbelta,
cuyo talle se cimbrea como la rama,
y ha clavado sus lanzas en mi pecho
por defender de mí sus frutos.
Si negáis que me mata, investigad,
veréis mi sangre seca ya en sus dedos.

31

En la taberna

 

Cuando en la oscuridad
brilló la clara luz de la taberna,
fuimos al tabernero,
que se acercó a la fila de tinajas,
semejantes a viejas con el velo en jirones.
Pasé la noche junto al zaque, bebiendo su saliva,
como un niño mamando
que aprieta el pecho con las manos.

15

Las abejas

 

Tu curación ante las asechanzas de este mundo
está en reflexionar
sobre la secreción de las abejas:
en una y otro encontrarás coloquíntida y miel;
y, si las galas que te muestra son
la seda de un gusano,
es para que conozcas
que Dios en su poder es único.

3

La lámpara de la mezquita

 

Mira las lámparas que brillan por la noche,
a través del cristal, y son sus llamas
como lenguas de sierpes
que a mediodía salen y se agitan sin pausa.

1

Los lunares

 

Luna ascendente de belleza luminosa
que me cubres
con el hermoso manto de tu cielo,
has encendido un fuego en mi alma
y, al saltar, sus centellas
caen en tu mejilla y en su nieve se apagan.

*******

 

 

35

Disensiones políticas

 

Las ciudades de al-Andalus eran como mujeres,
cuyas rivales exigen al esposo que las repudie.

 

 

36

Fragmentos del preludio amoroso de un panegírico

 

¿Cuando busaco la unión hablas de separarnos?
¡Ah, si pudiera el corazón
con la dura tarea que le impones!
¿Cuando voy a beber el agua del deseo
me das la copa del dolor llena hasta el borde?

                                                ……..

Conocí el tiempo y le pedí
que me escanciara un agua pura,
pero me dio a beber aguas salobres,
y fui como quien busca agua en el mar,
duda de su amargura y la prueba.
Nunca vi días como los de la juventud,
cuando el amor tendía sobre mí sus doseles,
el vino de la copa se me ofrecía como una novia
y eran mis versos la dote convenida.
Por el amor al vino y a quien me lo escancia
busqué la copa al alba y a la tarde:
lo sirve una gacela
que hace penar al corazón,
con sus lánguidos ojos,
y ya no puede recobrarse;
es su cintura tan exigua,
que, si quisiera, su mismo anillo
le serviría de ceñidor.

                                                ……..

Te envío un saludo que es una despedida,
y deseo una unión que llama a separarnos.

 

 

40

El cálamo

 

Es liberal si, al afilarlo, se hiende su cabeza,
mas, si no es claro el corte, es avaro;
un pelillo le impide
trazar con claridad la letra,
como altera palabras el que tiene frenillo.

 

 

42

Un poeta desabrido

 

Desabrido en sus versos, no sufre él su aspereza:
fastidia a todo el mundo y se retira;
parece un áspid
a quien no daña su saliva,
pero mata a los otros si la escupe.

 

 

43

El halcón

 

Cuando inquietaron a mi halcón las ansias de cazar
lo solté entre las grullas y alimoches,
y consiguió su presa en el ataque.
Volvió luego a la mano, sin dolerse de nada,
enjugándose el pico, cubierto de sangre,
como el escriba limpia el cálamo de tinta.

 

 

44

Malquerencia

 

Ten paciencia aunque muestre sus vicios tu enemigo:
volverán a él sus flechas siempre que dispare.
Así es la abeja, que se acerca a picar,
buscando hacer un daño, y en ello está su muerte.

 

 

45

El jilguero

 

Han teñido sus alas con rielar de azafrán,
y en su pico se ve sangre de drago;
pienso que, en busca de la aguada, lo engañaron
las pozas de los curtidores,
y bebe siempre en la sangre.

 

 

46

El secreto

 

Guarda como un avaro tu secreto,
no lo divulgues nunca;
por pequeño que sea llegará a ser grande.
¿No ves que, si el secreto del eslabón se extiende,
el pedernal produce al punto
el fuego del infierno?

 

47

Los cálamos

 

Aunque ligeros entre el pulgar y el índice,
sienten su duro peso los enemigos;
su negrura la toman de la noche oscura
y su letra embellece las páginas de los días.

 

 

48

El corcel

 

Cabalgo un huracán
que aventaja, si corre, a los ciclones:
jamás imaginé que el viento
pudiera tener patas.
Es capaz de llegar el primero a cualquier meta,
se diría que tiene una constancia
y una ambición que lo distraen del dolor de los cascos.
¡Qué maravilla! Hasta en las bestias hay nobleza.

50

Como la hormiga

 

Soporté el fardo de este tiempo,
-y no puedo llevarlo según es mi flaqueza-,
como la hormiga que levanta
una carga del suelo
mucho mayor que ella en medida y en peso.

55

Muchacha de piel negra

 

Es una joven negra que, cuando se descubre,
muestra sobre su piel
la frescura del agua del paraíso;
la ven mis ojos negros y de ella se enamoran,
como se atraen las cosas semejantes.

 

 

****

 

 

Del libro bilingüe ”El cálamo del poeta” (traducción y estudio de Teresa Garulo) en poesía Hiperión con ISBN 978-84-7517-596-6.

 

 

******

Catulo

17. A un paisano impotente

¡Colonia, que deseas celebrar tus fiestas sobre tu largo puente
y estás dispuesta a danzar sobre él, pero temes a sus inestables
columnas sostenidas sobre pequeños pilares de segunda mano,
no se vaya a derrumbar y caer sobre el profundo pantano!

¡Ojalá responda a tus deseos este puente, en el que incluso
los Salios puedan cumplir sus ritos religiosos:
concédeme, Colonia, un regalo de lo más divertido!

Quiero que cierto paisano tuyo se caiga de cabeza de tu puente
sobre el agua enfangada, pero solamente por el sitio
por donde la profundidad y la fetidez del lago
sean mayores en hondura y hediondez.

Es un idiota completo, y con el seso de un niño de dos años
que duerme acunado en los temblorosos brazos de su padre.

Aunque está casado con una joven en la flor de la vida
(una joven más delicada que un tierno cervatillo,
a la que se debe vigilar más que a las uvas negras),
la deja vestirse a sus anchas, sin importarle un comino;
sus partes ni se le empinan, sino que yacen semejantes
a un olmo cortado de cuajo por el hacha segur,
sintiendo todo igual que si no tuviera nada.

Así ese simple bobo no ve nada, no oye nada,
ni sabe quién es, ni si existe o no existe.

A ése quiero ahora tirar de cabeza desde tu puente,
a ver si despierta de una vez de su estúpido letargo
y deja su indiferencia en el pesado cieno,
como una mula deja su herraje en el pegajoso barrizal.

21. Deja a mi jovencito

 

Aurelio, padre de las hambres,
no sólo de éstas, sino de cuantas fueron,
son o serán en los años venideros,
quieres dar por culo a mi amado.

Y no a escondidas: estás con él, juegas con él,
y, pegado a su costado, intentas de todo.
Es inútil, pues tú, por tender trampas contra mí,
me la vas a mamar a mí primero.

Si lo cortejaras con el vientre lleno, callaría;
pero me molesta enormemente que el jovencito
aprenda ya mismo a pasar hambre y sed.
Así que, déjalo, mientras puedas hacerlo con honor,
no vayas a tener que terminar, pero mamándomela. 

22. Buena persona, pero mal poeta

 

Varo, ese Sufeno, a quien bien conoces,
es un hombre encantador, ingenioso y elegante,
y además compone infinidad de versos.
Creo que ha escrito diez mil o más;
y no los ha copiado, como se suele, en un palimpsesto:
en papiros de lujo, rollos nuevos,
lomos nuevos, cordones rojos para los estuches,
y todo a plomo y alisado con la piedra pómez.
Cuando leas sus versos, entonces aquél simpático y elegante
Sufeno te parecerá un simple ordeñador de cabras
o un patán: tanta es la diferencia y el cambio.
¿Cuál podría ser la explicación? Quien hace poco
parecía un chistoso o algo más fino que eso,
ese mismo día es más basto que un basto gañán
tan pronto toca la poesía; y, sin embargo, nunca
es tan feliz como cuando compone poesías:
tal es el placer y la admiración hacia sí mismo.
Desde luego, todos cometemos el mismo error y nadie
puede salvarse de ser en cierta manera un Sufeno.
Que a cada cual se le han asignado unos defectos,
pero no vemos la parte de la alforja de la espalda.

24. Consejo a Juvenio

Tú, que eres el capullito de los Juvenios,
no sólo de éstos, sino de cuantos fueron
o serán después en los años venideros,
preferiría que hubieras dado las riquezas de Midas 
a ése, que no tiene ni esclavo ni caja fuerte,
a que permitieras que te quisiera.
“¿Qué dices? ¿No es guapo?”, dirás. Lo es:
pero este guapo no tiene ni esclavo ni caja fuerte.
Tú desprecia y quita a eso la importancia que quieras:
pero aquél no tiene esclavo ni caja fuerte.

25. Al ladrón de Talo

Marica de Talo, más suave que el pelo de conejo,
o la pluma de ganso o el lóbulo de una oreja
o el pene fláccido de un viejo o la polvorienta telaraña,
pero tam bién más ladrón, Talo, que un violento huracán,
tan pronto una caja rica muestra sus rendijas abiertas,
devuélveme la toga que me robaste,
el pañuelo de Játiva y los bordados de Bitinia,
que, idiota, enseñas en público como herencia de familia.
Quítatelos ahora mismo y devuélmelos,
no sea que en tu pecho de lana y en tus suaves manecitas
se estampen las señales del látigo,
y te sientas a la deriva, como un barquito
sorprendido en el inmenso mar por un temporal de vientos.

67. Diálogos con una puerta

 

EL POETA

Salve, puerta agradable al dulce marido, agradable al
      padre, y que Júpiter te colme de ricos bienes,
a ti, que serviste bien, dicen, a Balbo en el pasado,
       cuando anciano habitó la casa,
y serviste mal, también cuentan, a su hijo,
       cuando, enterrado el viejo, aquél se casó.
Venga, dime por qué se rumorea que has cambiado
       y has abandonado la vieja lealtad de tu dueño.

LA PUERTA

“No es (con perdón de Cecilio, a quien ahora pertenezco)
       culpa mía, aunque se diga que es mía,
ni nadie puede decir con razón que he hecho algo malo,
       aunque eso lo hace la vana chismorrería de la gente,
que, cada vez que se comete alguna maldad,
       me gritan todos: ¡puerta, tuya es la culpa!”

EL POETA

No es suficiente negarlo sólo de palabra,
       sino hacer que la gente lo vea y se dé cuenta.

LA PUERTA

“¿Cómo? Nadie pregunta ni se preocupa de averiguarlo.”

EL POETA

Yo sí: no dudes contármelo.

LA PUERTA

“Bueno, en primer lugar, es mentira que me confiaran, como dicen,
       a una virgen. Su marido anterior no la llegó a tocar,
pues su arma, que le colgaba más floja que una acelga pasada,
       nunca se le levantó hasta el centro de la túnica:
se rumorea, en cambio, que el padre violó el lecho
       de su hijo y deshonró esta desgraciada casa,
ya porque su impío corazón ardiera de ciega pasión
       o ya porque su hijo fuera impotente y estéril,
de modo que había que buscar en otra parte algo más vigoroso
       que pudiera aflojar el corazón de una doncella.”

EL POETA

¡Hablas de un padre de extraordinaria piedad,
       que habría sido capaz de correrse sobre su propio hijo!

LA PUERTA

“Sin embargo, se dice que no sólo esto lo sabe
       Brixia, situada al pie de la atalaya cicnea,
a la que baña el dorado Mela de suave corriente,
       Brixia, la querida madre de Verona,
sino que también habla de los amores de Postumio
       y Cornelio, con quienes ella cometió vil adulterio.
Aquí alguien dirá: “¿cómo sabes tú eso, puerta,
       si nunca se te permite abandonar el umbral de tu dueño
ni escuchar a la gente, sino que ahí, sujeta al dintel,
       te limitas a abrir y cerrar la casa?.”
Bueno, a menudo he oído a mi dueña hablar de sus
       devaneos secretamente y a solas con las esclavas,
mencionando los nombres que he dicho, confiada en que
       yo no tengo ni lengua ni oídos.
Además, hablaba de otro, a quien no quiero citar
       para no hacerle fruncir su rojizo entrecejo.
Es un hombre alto, el que una vez tuvo que asistir a un juicio
sonado por el falso parto de un vientre mentiroso.”

ELOGIO DE HIMENEO

 

¿A qué dios deben invocar
más los enamorados deseosos?
¿A qué dios veneran más
los hombres, oh Himen Himeneo,
       oh Himen Himeneo?

A ti tembloroso el padre te invoca
para sus hijos, por ti las doncellas
desatan el cinturón de sus vestidos,
a ti el recién casado, temeroso,
       atiende con oído impaciente.

Tú eres quien pones en manos de
un joven ardiente a una doncella en flor
arrancada del regazo de su
madre, ¡oh Himen Himeneo,
       oh Himen Himeneo!

Sin ti no puede Venus alcanzar
ningún placer que la buena
fama sancione: pero puede
con tu consentimiento. ¿Quién osaría
       compararse con un dios así?

Sin ti ningún hogar puede
dar hijos legítimos ni los padres
tener herederos: pero pueden
con tu consentimiento. ¿Quién osaría
       compararse con un dios así?

La tierra, privada de tu culto,
no podría dar defensores
a sus fronteras: pero podría
con tu consentimiento. ¿Quién osaría
       compararse con un dios así?

LLAMADA A LA NOVIA

¡Abrid los cerrojos de la puerta!
¡Ven, doncella! ¿No ves cómo las teas
agitan su brillante cabellera?
¿Por qué te demoras? El día se va:
       sal, recién casada.

No mires más a tu casa,
la que fue tuya, ni tu pudor
natural retrase tu marcha;
por prestarle más atención de la debida
       lloras, porque hay que partir.

¡Deja de llorar! No hay peligro,
Arunculeya, de que ninguna
mujer más hermosa
haya visto salir del Océano
       la luz del día.

Así suele brotar la flor
del jacinto en el colorido jardín
de un rico propietario.
Pero te retrasas, el día se va:
       sal, novia, ya.

Sal, novia, si ya
te place, y escucha
nuestras palabras. ¿Ves? Las teas
agitan sus brillantes cabelleras:
       sal, novia, ya.

Tu voluble esposo, proclive
a peligrosos adulterios y a
emprender acciones reprobables,
no deseará descansar lejos
       de tus delicados senos,

sino que, como la flexible vid
se enreda en los árboles cercanos,
así se enredará en tus
abrazos. Pero el día se va:
       sal, novia, ya.

AL LECHO NUPCIAL

Oh lecho, que Tiro adorna
para toda clase de amores
con colcha de púrpura
y la India sostiene con los níveos
      pies de una cama de marfil,

¡qué goces tan grandes se preparan
para tu dueño! ¡Qué placeres
en la vaga noche, qué gozos
al mediodía! Pero el día se va:
       sal, novia, ya.

PROCESIÓN NUPCIAL

Levantad, muchachos, las antorchas:
veo llegar el velo de la novia.
Venid y cantad al compás:
“¡Oh Himen Himeneo io!
     Oh Himen Himeneo!

Que no callen por mucho tiempo
los procaces versos fesceninos
ni el favorito niegue nueces a los niños,
cuando se entere de que ha terminado
       el amor de su dueño. 

¡Da nueces a los niños, indolente
favorito! Bastante tiempo te has
divertido: te agrade ya
servir con las nueces a Talasio.
       ¡Arroja, favoritos, nueces!

Te repugnaban las campesinas,
favorito, ayer y hoy:
ahora el peluquero afeitará
tu cara. ¡Ay, desgraciado, desgraciado
       favorito, arroja nueces!

AL NOVIO

Dicen que de mala gana tú
renuncias a tus favoritos, marido
perfumado, pero renuncia.

¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo!

Sabemos que sólo has conocido
placeres lícitos para un soltero,
pero esos mismos son ilícitos para un casado.
¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo!

A LA NOVIA

Tú tampoco, novia, te niegues
a las peticiones de tu marido,
no vayas a buscarle a otra parte.
-¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo! 

He aquí para ti la prospera y feliz
casa de tu marido,
que bien esté a su servicio,
-¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo!-

hasta que la canosa vejez haga
mover temblorosamente tu cabeza
diciendo que sí a todo y a todos.
¡Oh Himen Himeneo io!
      ¡Oh Himen Himeneo!

Traspasa con buen augurio
el umbral con tus pies de oro
y franquea la pulida puerta.
¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo!

¡Mira cómo tu marido, recostado
dentro sobre una colcha de púrpura,
está totalmente pendiente de ti!
¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo!

Una llama lo abrasa en lo íntimo
de su ser no menos que a ti,
pero más profundamente.
¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo!

APARTE A UN PAJE

Suelta el torneado bracito de la
joven, paje con toga de púrpura:
que acuda ya al lecho de su marido.
¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo!

 

APARTE LAS MATRONAS

Vosotras, virtuosas matronas
de vida intachable junto a vuestros
ancianos esposos, preparad a la novia.
¡Oh Himen Himeneo io!
       ¡Oh Himen Himeneo!

 

EPITALAMIO

Acércate ya, marido:
tu esposa está en el lecho nupcial
y su rostro lozano resplandece
como la blanca manzanilla
       o la roja amapola.

Pero tú, esposo, ¡por los dioses
celestiales!, no eres menos
hermoso ni Venus te ha
descuidado. Pero el día se va:
       ¡ve, no te retrases!

Tu demora no ha sido larga,
ya llegas. Que Venus propicia
te asista, pues tus deseos
son deseos lícitos y no escondes 
       tu buen amor.

A LA PAREJA DE NOVIOS

Que anyes cuente el número
de los granos de arena africana
y el de las estrellas luminosas
quien desee contar vuestros
       miles de juegos amorosos.

¡Haced el amor como os plazca y traed
pronto hijos! No conviene
a un apellido tan ilustre no tener
hijos, sino perpetuar siempre
       el mismo tronco.

Quiero ver a un pequeño Torcuato
que desde el regazo de su madre
alargue sus tiernas manos y
ría dulcemente a su padre
       con los labios entreabiertos.

Sea igual a su padre Manlio
y que fácilmente todos, incluso
quienes no lo conocen, puedan reconocerlo
y lleve en su rostro el pudor
       de su madre.

Que este buen nombre, heredado
de su noble madre, continúe en su linaje,
como permanece en Telémaco,
hijo de Penélope, la singular fama
       de una madre excepcional.

EPÍLOGO

¡Cerrad las puertas, doncellas!
Bastante hemos cantado. ¡Vosotros,
pareja feliz, sed dichosos y
disfrutad de vuestra sana juventud
       con vuestra entrega diaria!

Jaime Gil de Biedma

DE TODAS LAS HISTORIAS DE LA HISTORIA

Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

 

 

 

EL MIEDO SOBREVIENE

 

El miedo sobreviene en oleada
inmóvil. De repente, aquí,
se insinúa:
las construcciones conocidas, las posibles

consecuencias previstas (que no excluyen
lo peor),
todo el lento dominio de la inteligencia
y sus alternativas decisiones, todo

se ofusca en un instante.
Y sólo queda la raíz,
algo como una antena dolorosa
caída no se sabe, palpitante.

 

 

 

LA CALLE PANDROSSOU

 

Bienamadas imágenes de Atenas.

En el barrio de Plaka,
junto a Monastiraki,
una calle vulgar con muchas tiendas.

Si alguno que me quiere
alguna vez va a Grecia
y pasa por allí, sobre todo en verano,
que me encomiende a ella.

Era un lunes de agosto
después de un año atroz, recién llegado.
Me acuerdo que de pronto amé la vida,
porque la calle olía
a cocina y a cuero de zapatos.

PRÍNCIPE DE AQUITANIA, EN SU TORRE ABOLIDA

Una clara conciencia de lo que ha perdido,
es lo que le consuela. Se levanta
cada mañana a fallecer, discurre por estancias
en donde sordamente duele el tiempo
que se detuvo, la herida mal cerrada.
Dura en ningún lugar este otro mundo,
y vuelve por la noche en las paradas
del sueño fatigoso… Reino suyo
dorado, cuántas veces
por él pregunta en la mitad del día,
con el temor de olvidar algo!
Las horas, largo viaje desabrido.
La historia es un instante preferido,
un tesoro en imágenes, que él guarda
para su necesaria consulta con la muerte.
Y el final de la historia es esta pausa.

 
 

 

NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
– como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
– envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

 

RESOLUCIÓN

Resolución de ser feliz
por encima de todo, contra todos
y contra mí, de nuevo
-por encima de todo, ser feliz-
vuelvo a tomar esa resolución.

Pero más que el propósito de enmienda
dura el dolor del corazón.

. … .

De “Las personas del verbo” en Seix Barral Biblioteca Breve (ISBN: 84-322-0780-2) y “Volver“, edición de Dionisio Cañas para Cátedra Letras Hispánicas (ISBN: 84-376-0879-1).

El plástico y la noche…

Vicente Muleiro preparó la antología de Jorge Boccanera ”Servicios de Insomnio”, volumen DLXXXVIII de la Colección Visor de Poesía con ISBN 84-7522-588-8, de la que yo dejo aquí lo siguiente:

 

 

 

 

COMENTARIO III

             de: La comida pobre (Aguafuerte, 1904)

                                                                             PICASSO

 

Sentados de un mismo lado de la mesa

Pedro tomaba a Nora por el hombro,

escuchaban la lluvia lamiendo los rincones

pero no se miraban.

 

Mirarse era pensar tenemos hambre.

 

 

 

 

COMENTARIOS X

 

La gente ha escondido sus  ruidos,

sus modos de doler,

ha incendiado sus nombres,

fusilado su ropa,

puesto a dormir su sangre y sus saludos.

 

Por si esto fuera poco,

los perros de la noche

llevan mi nombre entre sus dientes.

 

 

POEMAS DEL TAMAÑO DE UNA NARANJA

(1979)

 

RECUERDO

 

Ayer,

es una casa

que se quedó sin puertas.

 

 

 

DEL OFICIO DE LA POESÍA

 

Hay que incendiar a la poesía

y cantar luego

con las cenizas útiles.

 

 

 

SOLEDAD

 

Nadie.

Como decir:

todos del otro lado.

 

 

 

NOTICIAS DE LA HISTORIA

 

Según la historia universal,

a la paloma de la paz

se la comió

la gallina de los huevos de oro.

 

 

 

ENSAYO SOBRE LA HONESTIDAD POÉTICA

 

No es que los poetas mientan,

es que los mentirosos

quieren hacer poesía.

 

 

 

LÍMITES

 

Mi pueblo

limita al norte con Bolivia y Paraguay,

al este con Brasil, el océano Atlántico y Uruguay,

al oeste con Chile,

y Luisa,

se pudre en una celda de dos metros por uno.

 

 

 

COMENTARIOS

 

Dos niños que se miran,

interrumpen el mundo.

 

 

 

POLVO PARA MORDER

(1986)

 

I

 

A veces la palabra

como una copa rota donde morder el polvo,

y otras veces un agua

de alumbrar.

 

Asomada a los cielos, la palabra

es un tambor de polvo deshecho al primer golpe.

Remando en el infierno, la palabra

es una agua posible sobre un manto de cólera.

 

Entonces, la palabra,

¿polvo para morder en la oscuridad?

¿agua para alumbrar este cuerpo callado?

 

 

 

III

 

Bésale las piernas a la poesía

aunque diga que no que aquí nos pueden ver.

Bésale las palabras hurga su lengua hasta

que abra los brazos y diga ¡santo dios!

o hasta que santodios abra los brazos de escándalo

bésale a la poesía a la loba

aunque diga que no que hay mucha gente que aquí

nos pueden ver. Bésale las piernas las palabras

hasta que no de más hasta que pida más

hasta que cante.

 

 

 

 

Dinero: ¿Qué es valor y qué precio?

Pablo García Casado (Córdoba, 1972) agrupó estos poemas y muchos otros en el libro ”Dinero”, publicado por DVD EDICIONES. poesía con ISBN 978-84-96238-67-1.

 

 

 

UNA NUEVA FILOSOFÍA

 

No es mucho para empezar, de momento es lo que pue-

den ofrecerme. Es sólo temporal, hasta que salga algo

mejor. Tienes que entenderlo, así está el mercado, hay

mucha competencia. Mejor esto que nada. Empezar así,

desde abajo, que te valoren profesionalmente. El jefe está

contento conmigo, quiere hacer un equipo sólido. Una

forma nueva de trabajar, por objetivos, una nueva filo-

sofía. Este mes tendremos que apretarnos un poco. Es

lo que hay, míralo de otro modo, no está tan mal. Al fin

y al cabo es dinero.

 

 

 

 

 

BESTIA

 

Jugaba duro, siempre al límite del reglamento, a partir

de esta raya empieza el pan de mis hijos. El público aplau-

día sus entradas, es un deporte de hombres, decían en

el vestuario. Arruinó la carrera de jóvenes delanteros.

 

Ahora vive en un barrio tranquilo. Trabaja de gerente en

una consultora y tiene algunos ahorros. Fondos de inver-

sión, un plazo fijo, renta variable. Los domingos se que-

de en casa viendo películas, ajeno a la jauría de los locu-

tores, lejos del olor a sangre.

 

 

 

 

 

HOSTELERÍA

 

Rosa está fregando la cocina. Su marido ha soportado

toda la noche las bromas de los socios, dile a tu mujer

que suba un momento, ¡que venga con los guantes de

goma! Que no les falte de nada, nos dice el jefe muy serio

mientras abre la caja registradora. Cuenta las monedas

y los billetes, puedo escuchar cómo se doblan suave-

mente en su cartera. Así no podemos seguir, voy a tener

que cerrar un día de éstos. La cosa está muy mal. Con el

miedo en el cuerpo seguimos barriendo las mesas.

 

 

 

 

 

CONSTRUCCIONES LUQUE

 

Habíamos terminado la obra y hacíamos cola en la case-

ta. Íbamos cobrando según lo convenido, ni un cénti-

mo más, tú esperabas noticias pegada al teléfono. Luque

llamó para invitarnos a una copa, hay que celebrarlo, y

entramos en una de las casas que habíamos construi-

do. Champán, coca por todas partes, putas bailando en

la escalera. Rubén hizo amago de marcharse, me tengo

que ir, me esperan en casa, pero Luque dijo, si te vas aho-

ra no vuelvas a pedirme trabajo. Todos conocíamos a

Luque y sabíamos que iba en serio.

 

Cuando llegué a casa te encontré durmiendo en el sofá

con la tele encendida, los tacones de aguja esperaban

vacíos en el dormitorio. Guardé el dinero en el cajón y

me fui a la ducha. Luego, ya en la cama, me susurraste

al oído, ¿trajiste el dinero?

 

 

 

 

 

 NEGRO

 

En un coche pequeño. Solo, en la carretera, con más de

cincuenta millones en el maletero. Un dinero que no es

tuyo, que tienes que entregar esta tarde, tiene que estar

antes de las cuatro. Un audi te sigue desde hace varios

kilómetros. Ya no piensas en todo lo que harías con ese

dinero. Sólo quieres llegar y hacer la entrega, deshacer-

te de él como si fuera un cadáver.

 

 

 

 

 

HIMNO

 

Por ti las madrugadas y el estiércol, la mentira en la boca

y la amenaza. Por ti agachar la cabeza, vender mi nom-

bre y renunciar a los sueños. Por ti el desvelo y la espal-

da quebrada. Por ti colgar el teléfono, marcar de nue-

vo y decir, está bien, lo que usted diga. Porque tú me mantienes

con vida. La boca que se dibuja cuando estoy a punto

de abandonar. Tú, la belleza y el sentido.

 

 

 

 

 

FELICIDAD

 

Tú métete, verás como luego te alegras. Trescientos al

mes, quién no los tiene, un poco de aquí, un poco de

allá. Tú di que vas de mi parte. Préstamo personal boni-

ficado, para buenos clientes, ¿por qué te vas a privar? Hay

que disfrutar un poco de la vida. Tú no te preocupes, lo

más que puede pasarte es que un mes te venga largo, y

bueno, todo se habla. Todo puede hablarse. No te pon-

gas dramático, a tus hijos no va a faltarles un techo y un

plato de comida. Sólo son trescientos, trescientos quin-

ce al mes, gastos aparte. La gente se mete, todo el mun-

do se mete, cómo te crees que se pagan las cosas.

 

 

 

 

 

NÁUFRAGO

 

Cansado de remar, en mitad del océano, las ratas han

saltado por la borda. Llaman a tu puerta, te hacen pre-

guntas incómodas. Juras por tus hijos, pero ellos tienen

otros planes. No tienes a quién hacer una llamada.

 

 

 

 

 

DINERO

 

No es un ambiguo sentimiento de angustia, es dinero.

 

 

 

 

 

SUPERVIVENCIA

 

Devora en silencio las sobras del día anterior. Patatas

frías que no comió el niño, pan, un poco de agua, es sufi-

ciente. No has vendido nada, ¿verdad? El eco de las pala-

bras rebota en los electrodomésticos. Hace años habría

temblado de pánico sólo con escuchar esas palabras, pero

el tiempo cubre las cosas de una espesa capa de norma-

lidad.

 

 

 

Guía rápida para ir al súper.

El libro “Autorizado a vivir” [Eduardo Mazo (Epigramas, 1981)] ISBN 84-300-5141-4 comienza diciendo en su PROLOGO:

 

“No me creas, si no confías en ti.”

.

.

.

Luego afirma cosas así:

.

.

.

 

[…] ¿A qué no abandonarías todos tus convecionalismos,

tus cobardías,

tus futiles necesidades,

tus sangrantes hipocresías,

tus desdichadas impotencias,

tus frágiles designios,

tus pánicos esquemas

por un instante de sinceridad?

 

 

 

 

Estoy pensando estadísticamente ahora:

¿Cuántos de mis lectores morirán de cáncer?

 

 

 

 

Los chinos inventaron la pólvora

para producir el Big Bang

que dio origen al universo.

 

 

 

 

 

Hitler no era malo,

era sólo sanguinario.

 

 

 

 

 

Jesús, Mahoma, Moisés, Buda…

Y ahora ese hombre

que me mira fijamente desde la parada del autobús.

 

 

 

 

 

Una tarde te encontré

pero casi no me acuerdo,

me acuerdo sí, de la tarde

pero de ti… ¡lo lamento!

 

 

 

 

Los vagos siempre

están pre-ocupados.

 

 

 

 

 

Te dedicaré mi olvido.

 

 

 

 

Hay mujeres tan reprimidas

que tienen el orgasmo

al día siguiente de haber hecho el amor.

 

 

 

 

Hay tan sólo dos caminos

para andar en esta vida.

Uno está lleno de piedras

que alguien desde el otro tira.

 

 

 

Cuando hay elecciones

los militares sudamericanos

guardan un minuto de silencio.

 

 

 

De algo estoy seguro:

jamás leerán este libro

ninguno de los cinco mil habitantes de la

ciudad de Kitega, en Burundi.

 

 

 

 

Dentro de setenta millones de años

yo también quiero ser petróleo.

 

 

 

 

Yo cambiaría los cementerios

por clubs de muertos.

 

 

 

 

Ditirambo de un torturador:

“La tortura no debe ser una cosa tan mala

cuando en ella participan varios

y sólo uno se queja”

 

 

 

 

Eres tan buena que adviertes de tu maldad…

 

 

 

 

Un intelectual es una persona que piensa

a costa de los demás.

 

 

 

 

 

¿Has visto?

Todo tu daño

hizo este libro

(y mis derechos de autor).

 

 

 

 

Me he inventado una palabra:

“rustiquémonos”

pero los intelectuales me tienen

prohibido pronunciarla.

 

 

 

 

No estoy de acuerdo con la violencia,

pero ella tampoco está de acuerdo conmigo.

 

 

 

 

No habrá otra guerra mundial,

pero millones morirán del susto.

 

 

 

 

 

A veces dudo,

pero, no sé.

 

 

 

 

 

 

Después de la revolución,

más.

 

 

 

 

 

Los Estados Unidos han intervenido

en tantos países

que ya están despistados.

 

 

 

Henry Ford

¿era andrógino?

 

 

 

 

 

Nuestro silencio

era sólo

menos ruido.

 

 

 

 

 

 

¡Ufff!

¡Me he salvado de la mortalidad infantil!

 

 

 

 

Nadie se declara hipócrita o cínico,

nadie se manifiesta corrupto,

nadie asume sus ambiciones más venales,

sólo por eso,

a veces,

la gente parece tan buena. 

 

 

 

 

En sudamérica

los manifestantes gritan

“yanquis go home”

para que los yanquis lo entiendan.

 

 

 

 

 

Un día los dinosaurios

saldrán de los depósitos de gasolina

de los automóviles

y comenzarán a dirigir el tránsito.

 

 

 

 

Hay gente que prefiere el fútbol

a la libertad.

 

 

 

 

 

La sociedad de consumo

nos consume

(y, además, pagando)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Consejos para separar lo orgánico del plástico:

 

 

Ah, Cirno, ésta es aún nuestra ciudad, pero es otra su gente.

Los que antes no sabían de leyes ni derechos,

los que cubrían sus flancos con pieles de cabras,

y fuera de esta ciudad, como gamos, pastaban,

ahora son gente de bien, Polipaides; y los nobles de antes

ahora son pobres gentes. ¿Quién puede soportar el ver eso?

Unos a otros se engañan burlándose entre sí,

y desconocen las normas de lo bueno y lo malo.

No te hagas amigo de ninguna de estas personas, Polipaides,

de corazón, por grande que sea tu apuro.

Pero de palabra aparenta ser amigo de todos,

y no colabores con nadie en cosas de importancia.

Porque te darás cuenta del talante de esos miserables,

cómo no puede haber confianza ninguna en sus hechos,

sino que aman las trampas, engaños y enredos,

tal como los hombres que no tienen remedio ninguno.

 

 

 

 

Ah, corazón, modifica según cada amigo tu artero talante,

acomodando tu modo de ser al que tenga cada uno.

Toma el carácter del pulpo que, muy flexible,

se muestra igual a la piedra a que se ha pegado.

Ahora asimílate a ésta, y luego varía el color.

La astucia es mejor, en verdad, que ser intransigente.

 

No te angusties en exceso porque anden las gentes del pueblo

revueltas, Cirno. Tú toma el camino del medio, como yo.

 

Quien piensa que el prójimo todo lo ignora,

y que él es el único que tiene variados ardides,

ése es un imbécil, tarado de mente, un necio.

Pues todos tal vez conocemos los trucos igual,

pero uno no quiere emprender deshonrosos negocios,

y a otro le atraen mucho más los manejos desleales.

 

De la riqueza no hay prefijado a los hombres un límite.

Pues quienes ahora tienen más medios de vida,

ansían el doble. ¿Y quién puede saciarlos a todos?

El dinero resulta a los hombres motivo de locura.

Y de ésta proviene la ruina, que a veces envía

Zeus a los torpes, y ahora uno, ahora otro la acoge.

 

 

 

 

Los malos no todos nacieron malignos del vientre materno,

mas trabando amistad con algunos malvados sus actos

ruines aprendieron y sus expresiones perversas y excesos,

creyendo que aquéllos decían en todo verdades.

Entre los comensales un hombre prudente hay que ser,

y que parezca que todo lo ignora cual si estuviera ausente,

y allí va a contar él sus chistes. Más quédese serio al salir,

cuando ya conoce el carácter que tiene cada uno.

Entre los locos muy loco me hago, y entre los justos

soy el más justo de todos los seres humanos.

 

 

 

 

Adula bien a tu enemigo. Y cuando esté a tu alcance,

dale su castigo, sin darte para eso pretexto ninguno.

 

Mantente en tu juicio, mas deja dulzura en tu lengua;

el corazón de los ruines descubre muy pronto su vileza [...]

 

 

 

 

No en vano, oh Pluto, te honran los hombres tantísimo.

Con cuánta holgura encubres, ah dios, la maldad.

 

 

 

 

Para la masa de gente tan sólo un modo hay de excelencia:

ser rico. No ve en lo demás provecho ninguno [...]

 

 

 

 

La inteligencia es, Cirno, el regalo mejor de los dioses.

El hombre con inteligencia domina los límites de todo.

 

Feliz quien la tiene en su ánimo. ¡Cuán superior es

a la desmesura dañina y al pérfido hartazgo!

– Que no tienen ahora los hombres peor mal que el hartazgo –.

Pues a partir de eso se engendra, oh Cirno, cualquier mal.

 

 

 

 

Goza de tu juventud, corazón mío. Pronto serán otros

los hombres y, ya muerto, yo seré negra tierra.

 

 

 

Teognis de Mégara

(siglos VI y V a.C.)

 

[El tipo era un griego de familia aristócrata viviendo unos tiempos de cambio que no aceptaba. Un inadaptado, vaya. Dice Carlos García Gual: "En los versos de Teognis los `buenos´, agathoí, son siempre los nobles, y los `malos´, kakoí, los plebeyos [...] en estos versos se resume buena parte de la poesía tradicional, simposíaca, una poesía sincera, sencilla, áspera y fácil.”]

Para más consejos suyos y de otros: “Antología de la poesía lírica griega. Siglos VII-IV a.C. Selección, prólogo y traducción de Carlos García Gual” Alianza Editorial. Quinta reimpresión 1996. ISBN: 84-206-1782-2

 

 

Para hurgar en la basura, no olvides tus guantes…

 

 

El albergue entre los ginkgos

 

Esos árboles de ginkgo

convertidos en vigas

y en los aleros trenzados

los fragantes carrizos.

Nubes de las parhileras,

¿acaso no estáis llevando

entre los hombres

la lluvia beneficiosa?

Wang Wei

 

 

Lejos, muy lejos, en lo alto,

el albergue entre los ginkgos.

Cuántos días he subido hasta allí,

no lo recuerdo.

Por el sur se ven los montes

y por el norte los lagos:

miro delante de mí.

Y luego vuelvo los ojos.

Pei Di

 

 

 

Estos dos poemas son fruto de una correspondencia mantenida hace mucho tiempo por dos buenos amigos. Yo supe de ella en el libro “Poemas del río Wang”, impreso en España por ediciones del oriente y del mediterráneo (1999). ISBN: 84-87198-57-0

Desplastificar es posible, pero hace falta paciencia para fuchicar en la basura…

 

Larga oda observando una partida de Weiqi

 
En
un
silencioso
patio
en
primavera,
mientras
la
luz
de
la
tarde
se
filtra
entre
el
follaje,
los
huéspedes
se
relajan
en
la
varanda
y
observan
mientras
dos
compiten
en
una
partida
de
wéiqí.
Cada
uno
encarna
las
fuerzas
divinas
e
infernales,
esculpiendo
montañas
y
ríos
en
su
mundo.
Sobre
el
tablero,
dragones
y
serpientes
se
alinean
para
la
batalla,
la
fortuna
es
adversa
y
las
fortificaciones
vencidas
son
objeto
del
pillaje;
las
multitudes
mueren,
empujadas
en
fosas
por
los
soldados
Qin,
y
la
audiencia
de
este
drama
permanece
atónita
ante
el
General
Jin.
Sentarse
ante
el
tablero
implica
elevar
la
alabarda
y
experimentar
el
combate,
soportar
el
frío
y
las
llamas
de
los
cambios
constantes;
la
vida
y
la
muerte
jugaran
con
ambos
maestros,
pero
tanto
la
victoria
como
la
derrota
pueden
ir
a
sólo
uno.
En
esta
senda,
uno
desnuda
los
engaños
del
contrincante,
en
la
vida,
uno
debe
construir
su
propia
imagen;
es
grave
una
herida
al
ombligo
expuesto
o
al
corazón,
pero
es
sólo
dolorosa
una
herida
en
la
cara,
que
puede
ser
curada;
Es
efectivo
un
golpe
que
logra
hacer
blanco
en
la
espalda
del
oponente,
son
efectivas
aquellas
tácticas
que
abundan
en
fintas
y
engaños.
Observa
la
actividad
en
las
calles
de
nuestra
capital,
si
tu
fueras
a
otro
sitio,
es
que
no
sería
similar?
 

 

[   Shao Yong (邵雍) - que se dice Shào Yōng, escrito Shao Yung (1011–1077), a.k.a. Yaofu (堯夫) y, por fin, conocido como "Shào Kāngjié" después de su muerte   ]

Lo cuelgo de esta guisa porque fue así como lo encontré traducido al cristiano en la wiki y me gustó, ¿qué quiere? Pero me preguntaba si también le habrá gustado a usted, ¿le sirvió de algo?

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